Jorge el cubano masajista

Resulta que hace más  o menos 2 años atrás iba a una clínica/spa a tratarme unos espasmos en el cuello y hombros. Siempre me atendía una mujer. 

Un día dije, “déjame tratar con el hombre porque ellos tienden a tener manos más grandes y fuertes”. Resulta que este hombre es joven, cubano, muy apuesto y de cuerpo robusto.

Una vez se presenta y ya en el cuarto me dice: “te voy a dar unos minutos. Quítate la ropa y ponte ésta bata tapándote la parte de arriba”.  (Este mismo proceso lo repetí las tantas de veces que fui.) 

Un día fui con unos dolores de espasmos y le dije al chico que iba a necesitar más atención en el área del cuello. Sintiendo la intensidad con la que me comienza a masajear le digo: “aprieta y dame duro que asi es que lo necesito hoy y así me gusta”. Claro que me refería al masaje. Pero él lo entendió de otra manera (¡y que bueno que así fue!…. de echo, ahora que lo pienso, si lo dije con toda la intención del mundo). Ese comentario abrió puerta a más confianza y a chistes de doble sentido. Bromeando le dije que soy masoquista; me gusta rough y salvaje.

Me dice: ¿Todo? 

Y yo: “si, todo” 

La cosa fue que así me lo hizo (el masaje). Al terminar el sale del cuartoto para darme privacidad de vestirme y me pregunta: “¿cómo te sientes?.  

Le dije: “Estoy súper relajada. Se sintió súper rico. Ésto fué como tener 3 orgasmos corridos”. 

Él se echa a reír y me pregunta: “¿te veo en 2 semanas? 

Le contesté: “Por supuesto”. 

Demás está decir que antes de irme hice la cita para 2 semanas con el chico para garantizar mi espacio y yo contando los días para mi masaje. ¡Y finalmente llegó!. 

Ese día me afeité hasta el culo. Tu sabes, mujer precavida vale por dos. Aunque mis masajes eran para cuerpo entero, yo siempre le había pedido más atención arriba al cuello.

Llego a mi cita y él me dice: “Te estaba esperando”. 

Inmediatamente se me mojo mi parte intima. 

Me pidió, como de costumbre, que me quitara la ropa y me arropara una vez en la mesa. Ése día me quede en panties (cosa que nunca había hecho). Al entrar él al  cuarto, notó que me había quitado los pantalones (cosa que en las otras 4 ocasiones nunca había hecho). 

Empieza el reloj para que contar 1 hora y 30 mins. ¡Si!… había pagado 30 mins de más. Él lo notó pero no dijo nada. 

Me preguntó que cómo lo quería. Le dije: “igual q la otra vez… salvaje”. 

Se echó a reír y me dice: “Es que eres de armas tomar”.

Le dije: “no sabes nada todavía”. 

Ya en la camilla, boca abajo y con una toalla cubriéndome las piernas. El empieza mi masaje en el cuello. ¡Uff! Aún recuerdo sus manos sobre mi cuerpo. Unas manos grandes fuertes y suaves. Empezó suave y aumentaba la fuerza. Luego lo bajaba y así lo graduó por un rato. 

Me dice: “Noté que te quitaste los pantalones… ¿quieres masaje en el cuerpo entero esta vez? 

Le contesté que sí y me dice: “Ok voltéate”.  Y así lo hice.

Para mi suerte se me cayó la toalla que me había dado para cubrirme los senos. Me disculpé y me la volví a poner (pero más abajo y mal puesta, con toda la intención, para que se me fuera a caer otra vez). Me acosté boca arriba y el comenzó dándome el masaje en el cuello. Él sentado en su silla y siento su respirar. Su aliento; ese chicle de menta se me antojaba de su boca. La música de relajación, sus manos sobre mi, el olor a frutas cítricas y yo con tremendo lago entre mis piernas. De repente empieza a bajar un poco sus manos a la parte de al frente del pecho a ‘romper nudos’.

“¡Perfecto! Haz lo que necesito para sentirme mejor” le dije. En eso, él me baja la toalla y se fué acercando poco a poco a mis senos. Y yo callada, disfrutando y gritando por dentro “dale, anímate”.

Baja más. Baja mucho más. Y mi parte ya a este punto latiendo. Como obvio, no dije nada, él siguió tocandome hasta que de momento ya tenía todo mi seno en la palma se su mano. ¡Que rico se sintió! De repente sus dedos estaban presionando mis pezones. Y más tarde mis pezones introducidos en su boca. Mi parte íntima a este punto está no solo mojada, si no pulsando a mil por hora. Una en la boca la otra en sus manos.

Me dice: “Voy a bajar al cuerpo”. Me sacó la sábana, me pasó aceite y me masajeo los pies, las piernas y los muslos.

 A todo ésto, mis manos están a mi costado y el hacía todo lo posible por rosar su miembro en mis manos dejándome saber de su erección. Subía y bajaba en mis piernas y seguía rosando su pene en la palma de mi mano. Hasta que en una se lo cojí. Lo apreté y me di cuenta del tamaño de su pene. 

Se me acerca y me dice al oído: “¿Quieres?” 

Yo Bellaca al fin le dije: “Lo quiero probar. Lo quiero en mi boca.” 

El muy amablemente accedió a mi petición y se bajo el pantalón y me mostró su pene grueso, firme y venoso que tenía. Acostada en la camilla aún, le empezé a pasar mi lengua por la cabeza. Ese hombre estaba hecho una porquería. Lo toqué, le pase la lengua por todo su pene, le chupe la cabecita y ese hombre mirándome fijo a los ojos. Cuando finalmente me lo puse todo en la boca, él no sabia que hacer. Le temblaban las piernas. Gemía suavecito y me decía que le encantaba. Así estuve un rato hasta que finalmente se vino en mi boca. ¡Cosa más rica puñeta! Esa leche sabía diferente. Sabrosa. Y el asombrado porque me la tragué completa. Cinco segundos después de venirse, suena la puta alarma. Me dice; “Tómate tu tiempo y te espero afuera”. Le dije: “Ok, te voy a dejar una sorpresa en la toalla”.

Me masturbé y me vine a tal grado que chorreó en la camilla. Me limpié con la toalla y se la doble de tal manera que él supiera que ahí estuve. Me vestí. Al salir, él esperaba sentado en el asiento al lado del cuarto donde estaba. Le di las gracias por sus servicios y le dejé saber que estaría haciendo cita previamente. Le di su propina y le recordé que le había dejado una sorpresa en la toalla. Me despedí y me fui. 

Un mes después ya me tocaba cita de nuevo. Llamé para confirmar y para mi desgracia, ya él no estaba trabajando en ese spa. 

La chica me preguntó si quería otra cita con alguna de las muchachas y le dije que no, que luego llamaba. Más nunca lo hice. 

Jorge ‘El Cubano’… claje pinga más rica.  Aunque no entró en mi.

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