Historia de una oficina

Ésta historia la llamo «Un día que jamás se olvida».

Trabajo en un edificio donde hay diferentes oficinas y siempre veo o encuentro personas que me parecen interesantes.  Usualmente no les hablo a menos que ellas lo hagan.

Todas las mañanas veo a esta mujer de unos 35 o 40 años que, sin importar su edad, lucía bastante bien. Noté que tenía una rutina diaria: usaba el elevador de carga para bajar hasta el primer piso, salía a la rampa de carga, allí se fumaba un cigarrillo, permanecía unos minutos y luego se iba.

Un día, por curiosidad, me le acerco para saludarla (por primera vez) y después de eso se nos hizo costumbre cada mañana darnos los buenos días.  Siempre nos encontrábamos en la zona de carga.

Pasa el tiempo y dejé de verla.  Aunque estuvo raro, seguí mi rutina de trabajo.  Un día mi jefe pide que al siguiente día llegue más temprano al trabajo porque debía recibir un empaque importante de piezas que hacían falta en el edificio. Como así lo pidió llego temprano y, por cosas del destino, ella estaba ahí fumándose su cigarrillo. 

Me dirijo feliz a saludarla y de vez aproveché para preguntarle qué había pasado; llevaba mucho tiempo sin verla.

Ella me contesta sonriente: «para que me extrañaras» y luego me explica que realmente le habían cambiado el horario de trabajo y entraba más temprano.  Me pregunta qué hago tan temprano ahí y le cuento la razón por la que estaba y también le dije que sí la había extrañado a pesar de que nunca fuimos más allá de los «buenos días». 

Ella super calmada me mira a los ojos y me dice: «Oye, ¿Estarías con una mujer de mi edad siendo tan joven? Yo sonreí y le contesté que sí. Ella devolviendo la sonrisa, me agarra la mano y me lleva a una esquina del área de carga.  Me desabrocha el pantalón, mete su mano y comienza a masturbarme. Todavía me miraba a los ojos… Luego me dice: “Así que, te gustan las mayores”.  Se arrodilla, me saca el pene del pantalón, lo mira con detenimiento, me vuelve a mirar sonriente y me dice entre susurros:  «Por lo que veo, estas bien dotado».  Mira nuevamente mi pene, lo escupe y se lo mete en la boca.

Masturbándome me dice: «Te voy a hacer cosas que una de tu edad nunca te va a hacer». Me termina de bajar los pantalones, me baja la ropa interior y pasa su lengua fría por mis testículos y se los mete en la boca. 

Estoy anonadado por todo lo que acaba de pasar.  Simplemente nos veíamos y ahora se traga mi pene hasta el fondo… así es como la vida cambia en un segundo. Y algo si les puedo decir: ¡ésta cuarentona me está dando el mejor sexo oral de la historia!

Ella sigue masturbándome con tal rapidez que ya quería venirme, pero antes me pide que lo haga en su boca. Nuevamente, se mete mi pene en la boca y no paró hasta que terminé.  Se levanta, me sube la ropa, me da un beso y me dice:  «Nos vemos en una próxima ocasión».

Este no fue nuestro único encuentro pero no quiero seguir alargando esto así que alguna otra anécdota se las cuento en otro momento.

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